De entre todos los textiles del hogar, la ropa de cama es uno de los más sufridos. El uso diario, el lavado frecuente y el paso del tiempo son aspectos que juegan en tu contra a la hora de conservar estos tejidos como el primer día. Pero existen trucos muy sencillos para guardar nuestra ropa de cama de manera que no sólo nos dure más tiempo sino que además ocupe mucho menos espacio.

Cómo guardar nuestra ropa de cama

El placer de una cama recién hecha

¿Se te ocurre algo mejor que terminar el día metiéndote en una cama con las sábanas limpias y bien estiradas? La ropa de cama es un aspecto fundamental en el confort que obtienes durante tu descanso y es por eso que conviene no perder de vista ni su tratamiento ni su almacenaje.

No siempre se dispone de un espacio amplio en los armarios reservado exclusivamente para el almacenaje de este tipo de textiles. El problema en estos casos es que tendemos a mezclar la ropa de cama con otros accesorios (toallas, paños de cocina, ropa de otras temporadas…). Con este desorden lo único que consigues es que tu ropa de cama se arrugue, que te cueste localizarla y, en ocasiones, que acabe perdiéndose en algún rincón de tus armarios sin que apenas le prestes atención.

Sácale provecho a tus espacios imponiendo algunas normas básicas del almacenaje de ropa de cama. Te facilitarán el acceso a lo que necesitas, conservarán mejor su textura y su aroma después de cada lavado y, lo más importante de todo, te permitirán disfrutar del descanso que te mereces.

Recomendaciones a la hora de guardar la ropa de cama

Demasiada ropa y poco sitio para ordenarla. Éste suele ser el problema más común a la hora de guardas sábanas, fundas nórdicas, mantas y edredones. Pero no desesperes. Con un poco de organización y unos sencillos trucos de almacenaje conseguirás sacarle mayor partido al hueco del armario.

  • Lo ideal es reservar un lugar específico para la ropa de cama. ¿Por qué? Porque si la mezclas con tu ropa de diario o con otro tipo de textiles lo más probable es que vayas a estar moviéndola con demasiada frecuencia. En cambio, si destinas un lugar del armario a tus sábanas, sólo tendrás que tocarlas una vez por semana, cuando vayas a hacer el cambio de las sucias por las limpias.

  • Una vez que tu ropa de cama haya pasado por la lavadora, asegúrate de que está bien seca antes de doblarla para meterla en el armario. Las prendas húmedas podrían provocar la aparición de manchas de moho y, en consecuencia, del mal olor.

  • Delimita el espacio dedicado a la ropa de cama empleando las baldas y los cajones del modo más eficiente. Resulta muy práctico utilizar cestas o separadores. Estos accesorios te ayudan a aprovechar mejor el espacio y a tener todo identificado para evitar estar revolviendo.

  • Si el espacio es particularmente reducido, coloca tu ropa de cama por juegos: sabana bajera, fundas de almohada, funda nórdicas o sábana encimera… Así podrás hacer los cambios semanales con un sencillo gesto: sacar un pack del armario y reemplazarlo por el que acabes de lavar.

  • ¿Quieres que el olor a fresco y limpio se mantenga durante más tiempo? Puedes añadir entre los pliegues de las sábanas bolsistas especiales con los aromas que más te gusten: lavanda, cítricos, fragancias frutales… Muchos de estos productos funcionan además como absorbentes de la humedad para garantizar la buena conservación de los tejidos y del espacio en el que los almacenas.

  • Parece evidente, pero no hay que pasarlo por alto. Si quieres que tus sábanas se mantengan estiradas, tienes que guardarlas bien dobladas. En este blog ya te hemos explicado cómo hacerlo de la manera correcta para que tu ropa de cama esté siempre perfecta al salir del armario.